domingo, 18 de enero de 2009

Caminatas por Madrid - v 1.0



Casi todos los sábados, cuando logro despertarme a buena hora por la mañana, me visto con la ropa más cómoda que encuentro limpia y salgo dispuesto a caminar buena parte del día por las calles de Madrid.

Vivo prácticamente en el corazón del distrito de Chamberí, muy cerca de la glorieta del Pintor Sorolla y de la iglesia de Santa Teresa y Santa Isabel por la que la estación de metro "Iglesia" recibe su nombre. Es un barrio tradicional de Madrid, lleno de edificios muy bonitos con estilos arquitectónicos modernistas y neogóticos, muchos declarados monumentos nacionales. Es también una zona llena de vida y en las calles puedes encontrarte gente que ha vivido en el barrio toda su vida, estudiantes universitarios, chinos que abren tiendas donde encuentras cualquier cosa, trabajadores trajeados o uniformados, mucha gente extranjera como yo que ha hecho de esta ciudad su casa.

El último sábado caminé por mi ruta favorita. Camino por toda la calle de Eloy Gonzalo, desde la iglesia, dejándome tentar por el olor del pan dulce recién hecho de las panaderías y pastelerías, hasta la glorieta de Quevedo. Ahí comienzo a bajar por la calle Fuencarral, haciendo una parada obligada en la Casa del Libro de donde nunca salgo con las manos vacías. Esta vez compré una edición de bolsillo de "El libro de los seres imaginarios" de Borges. Llegando a la glorieta de Bilbao bajo por la calle Sagasta hasta la plaza de Alonso Martínez y me detengo unos minutos a tomar un café en el Juan Valdez. La caminata continúa al sur, perdiéndome por las calles de Chueca, descubriendo nuevos lugares para futuras comidas o cenas, como el Bazaar en la calle Libertad que se ha vuelto uno de mis favoritos. A veces llego hasta la Gran Vía, la Puerta del Sol y la Plaza Mayor, dependiendo del clima, del ánimo y del tiempo disponible.

En cada caminata aprendo algo ya sea observado del mundo que se desarrolla a mi alrededor, reflexionado del universo que se debate en mi interior, o leído del libro que ese día llamó mi atención al estilo del Cementerio de los Libros Olvidados del que escribe Ruiz Zafón.

Esta vez comparto uno de los seres imaginarios que colecciona Borges en su libro, sacado del "Traité de sensations" en el que Etienne Bonnot de Condillac imagina una estatua en la que habita un alma que nuna ha percibido o pensado. A esta estatua se le empiezan a conferir los sentidos uno por uno, comenzando por el olfato, que es el sentido menos complejo de todos... y con sólo olores de distintas flores en distintos tiempos la estatua pueda obtener facultades de entendimiento como la atención, memoria, comparación, juicio, reflexión, imaginación... y luego de voluntad, como el amor, el odio, la esperanza y el miedo.

Algún otro sábado volveré a caminar por otra ruta, aprenderé alguna otra cosa nueva y volveré a compartirla.