¿Cuántas veces nos han preguntado sobre cuál es nuestro "favorito" de un grupo de elementos? No importa la colección, - colores, música, películas, libros, comida, lugares, animales, deportes y personas de todos los campos - suele ser a través de los favoritos que empezamos la excursión para conocer a alguien y nunca faltan en los perfiles de las redes sociales en los que expresamos al mundo quiénes somos.Cuando te gusta alguien es natural querer llevarla a comer a un restaurante de su comida favorita, regalarle su flor favorita o invitarla a bailar su canción favorita. Es natural comenzar a comparar libros favoritos, lugares favoritos, películas favoritas, etc. como si fuera un protocolo de intersección del conjunto de cada uno, para encontrar aquello que tienen en común.
Pero, ¿qué haces cuando la persona que te gusta y quieres conocer te responde que por principio no tiene favoritos de nada? Así me ha pasado a mí hace unos días con la persona que ha inspirado este artículo.
Al principio me ha dejado desarmado. Sin favoritos se anulan más de la mitad de las preguntas que utilizamos para conocer a alguien... Pero después me he dado cuenta de lo coherente que es no tener favoritos, porque en vez de conocer un disfraz prefabricado he ido directamente a conocer a la persona auténtica cuyas preferencias no se mantienen estáticas sino que cambian continuamente.
¿Qué significa tener un favorito? ¿En qué momento lo decidimos?¿Por qué tenemos que tener un favorito? En realidad no tenemos porqué limitar a un puesto de favorito algo que podemos mantener abierto a todo cuanto existe.
¿Por qué debo tener un color favorito... si me gusta el azul del cielo, el rojo del atardecer, el verde de la naturaleza y el blanco de la luna?
¿Por qué debo tener una comida favorita... si hoy se me antoja pasta italiana, mañana un restaurante francés y pasado mañana una hamburguesa?
¿Por qué debo tener un tipo de música favorito... si en momentos diferentes quiero bailar, cantar, relajarme o acompañar un estado de ánimo específico?
¿Por qué debo tener un libro favorito... si cada uno es único cuando lo leo y cada uno cambia conmigo cada vez que vuelvo a leerlo?
¡Renuncio a los favoritos! Vivir sin ellos es una verdadera liberación. Me gustan momentos específicos cuando los vivo porque los vivo... y no porque se adaptan a un sistema predefinido de clasificación de preferencias.
Vivir sin favoritos es vivir el momento, es disfrutar cada cosa como única, es evitar hacer comparaciones y es aceptar que no somos una fotografía estática, sino una trayectoria irrepetible en constante movimiento.