sábado, 28 de marzo de 2009

Porque si...
















Estoy en todas partes; me reproduzco a una velocidad mayor que cualquier especie; eso obliga a que todas las personas me adopten, me carguen y me alimenten apenas chillo.
Me da risa escuchar que no se debe interrumpir cuando las personas están hablando. A eso me dedico.

Escuchen mi historia:

El señor “X” entra en una agencia de viajes. El lugar está repleto. Toma su número de turno y espera quince minutos.

Una señorita lo llama desde un escritorio y le pregunta: -¿A dónde desea viajar?; Déme su nombre completo, por favor. Está a punto de responder cuando entro con mi exigencia característica.
Como una esclava a la voz de su amo, la señorita me hace caso inmediatamente. Teclea su computadora mientras el señor “X” siente cómo su nariz, ojos, orejas, huellas digitales, y su nombre se van convirtiendo en una masa invisible vencida por mi enorme poder. Incrédulo, trata de entender por qué debe esperar más tiempo.

La señora “T” llega a la sala de un consultorio. Saluda con un “buenas tardes”. Toma una revista, se sienta a esperar cuarenta y cinco minutos hasta que la hacen pasar con el doctor.

-¿Es su primera cita conmigo, verdad? ¿Qué síntomas tiene?

La señora “T” está a punto de responder cuando se me pega la gana interrumpir. Yo no hago antesalas ni pago consultas, produzco sentimientos de culpa si no me atienden rápido, sobre todo cuando grito. Por eso la señora “T” se queda callada, impotente, esperando sumisa a que yo termine.

La señora “E” decide ir a visitar a su amiga en el otro extremo de la ciudad para ponerse de acuerdo con ella. Después de una hora de intenso tráfico llega a la cita. La reciben, le ofrecen café y, finalmente, sentada frente a su amiga, dice:
- El día del maestro, la posada y la visita al museo ¿en qué fechas quedarán?

La amiga está consultando el calendario cuando de repente entro yo en la conversación. Yo que no sé nada de semáforos ni de recorridos agotadores, yo que puedo colarme como una rata en una rendija, que ya me acostumbré a paralizar cualquier actividad, estoy en medio de ellas.
¡Ah! Cómo disfruto metiéndome en un apasionado beso de dos enamorados, que se despegan nada más oírme. Algunos hasta salen del baño con los calzones en las rodillas para hacerme caso. Si vieran que cumplidor soy para las conversaciones clandestinas.
El mejor alcahuete entre dos amantes. Soy aplicadísimo para dar malas noticias; un llamado mío cambia herencias o aumenta tres ceros a un contrato. Incluso puedo agregar una nota musical a un concierto de Mozart, o desconcertara un experimentado maestro en una conferencia.
Soy causante de úlceras y palpitaciones; de travesuras y regaños. Hay quienes duermen conmigo, y si no, a media noche corren para ver qué me pasa.

Cada día es más caro mantenerme, me he vuelto sofisticado y quepo en cualquier parte, a pesar de que en más lugares públicos piden por el altavoz que me silencien.

El señor “X” y las señoras “T” y “E” hoy se sintieron víctimas de mi poder, hablaron muy mal de mi, yo que soy sólo un teléfono han logrado quitarme la voz.

Ahora hago cosquillas, pero de que me atienden, ¡me atienden!…

sábado, 21 de marzo de 2009

Trayectoria de mis ojos el primer día de primavera
















Una terraza, una ventana al mundo.

El sol. El reflejo de la luz en las ventanas de los edificios.

La calle. Los coches circulando desordenadamente. Motores viejos, motores nuevos.

La calle. El vapor elevándose desde el pavimento. El calor primaveral.

Mi vaso. Medio lleno, medio vacío, cada vez menos frío.

La gente. Hombres y mujeres sonrientes, mangas cortas, ojos cubiertos.

La gente. Niños jugando, gritando alegremente. Mundos imaginarios que sólo ellos ven.

La gente. Personas mayores apoyando el peso de la vida en un bastón.

Mi vaso. Vacío. Anunciando la venida de su sucesor.

El agua. Brotes de las fuentes, circulando por las venas escondidas de la ciudad.

El verde. En los árboles alineados en las jardineras. Decorando simétricamente los parques.

El aire. Estático. Ni una brisa. Ni una hoja en movimiento. 

El cielo. Un azul clarísimo interminable. Ni una nube.

El cielo. Las estelas blancas de los aviones enfilados hacia destinos desconocidos.

El cielo. El sol cayendo en el horizonte. 

El sol. El sol. El sol.