domingo, 11 de mayo de 2008

Introducción

Me sentí muy especial cuando me llamó mi hijo para decirme que por qué no hacíamos un blog juntos. Tengo 50 años y presumo de seguir en la vanguardia de las cosas, manejo bien la computadora, cosa que no todos los de mi generación pueden decir lo mismo, no obstante sigo a años de luz de mi hijo que estudió una ingeniería en telecomunicaciones y sistemas de información y maneja la computadora desde sus entrañas.

Cuando me dijo que el título del blog sería: Conversaciones de una madre idealista con un hijo racional, se me cayó la mandíbula al suelo. ¿Qué estaría pasando por su cabeza cuando pensó proponerme esto? Lo primero que deduje es que de esta manera me veía y decidí no predisponerme, es cierto, soy una romántica, idealista y soñadora y aunque considero que no me ha ido tal mal siendo así, podrían salir cosas muy interesantes de puntos de vista generacionales en distintos asuntos de la vida.

Para estas alturas de camino recorrido he llegado a la conclusión que no todo es blanco o negro, ni yo soy tan idealista ni él es tan racional, a veces las personalidades son vestidos que nos confeccionamos para interactuar en la vida como mejor podemos. Y como el hombre es: “El y su circunstancia” pues depende absolutamente dónde nacemos, la casa, el país, los padres, el status económico, la educación, la cultura, la salud y la genética. Me queda claro que existen millones de personas en el mundo que no podrían darse el lujo de ponerse a filosofar sobre la vida, empezando porque ni computadora tienen para hacer un blog y terminando porque amanecen trabajando para poder comer algo ese día, y cuando el estómago está vacío la cabeza no tiene espacio para pensar.

De todas formas no dejo de sorprenderme cada día del instrumento de comunicación en que se ha convertido Internet con todas sus opciones y ésta es una de ellas.
No más de una generación delante de la mía, los padres ejercían una autoridad muy diferente a la actual, eran distantes con los hijos porque ejercer de padre impedía la posibilidad de amistad en la relación con los hijos. Un hijo no sabía lo que hacían sus padres, ni cómo pensaban como seres humanos, ni si sufrían, ni en que se divertían. Eran continuos educadores y formadores, así habían sido con ellos y no existía otra manera. Sentarse a filosofar con un hijo era algo impensable, primero porque dentro de esa actitud de educador permanente costaba mucho trabajo ver crecer a los hijos y segundo porque había la creencia que si un padre mostraba su lado humano e imperfecto entraba en una zona de vulnerabilidad que le quitaba el poder. No estaban conscientes de la influencia tan contundente que un padre marca en la vida adulta de un hijo en los terrenos emotivos

En mi generación hubo una avalancha de libros en psicología poniéndose de moda la advertencia de los traumas que se podía crear en los hijos, incluso desde la gestación, tomar conciencia que lo que comíamos, los estados de ánimo y los estímulos externos afectaban al feto y había que estar pendientes. El péndulo se fue hasta el otro extremo: los padres perdieron su lugar ganado simplemente por ser padres, nos convertimos en ávidos buscadores de teorías que nos ayudaran a crear niños felices en el concepto de felicidad que se había “descubierto”.

Por primera vez los padres tomaban responsabilidad de traer un hijo al mundo, y lo que es cierto es que un hijo no viene con un instructivo bajo el brazo, ningún hijo es igual a otro, los padres van reaccionando como pueden, novatos en cada paso y tratando de hacer lo mejor que se pueda.

En mi opinión, quizá romántica, pienso que fue mucho mejor que los padres se volvieran amigos de sus hijos, no hay manifestación humana más autentica que la preocupación desinteresada de un padre con un hijo. Para poder ofrecerle consejos de vida se tenía que ganar el lugar de una amistad, para que el hijo escuchara, porque de otra manera los hijos ni se acercaban.

Hay personas que opinan que efectivamente se cambiaron las reglas y el que el concepto de padre se perdió en el camino, que ahora los hijos te ven como a un igual, que te faltan al respeto y que cambiaron la gratitud por exigencia. En vez de venerar y agradecer la oportunidad de nacer, la cambiaron por yo no pedí nacer, tú me trajiste, es tu obligación darme lo que yo necesito.

Tu algún día ejercerás la paternidad. ¿Cómo te imaginas que será eso? ¿Cuál es tu opinión sobre los padres inaccesibles con autoridad y los padres amigos de sus hijos sacrificando un poco dicha autoridad?

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