Siguiendo la línea de las relaciones humanas y el nacimiento de una pareja se me ocurrió tocar un punto que me llama la atención. El ser humano desde tiempos ancestrales se la ha pasado conquistando cosas: Primero fueron territorios donde poder asentarse, cuevas para poder resguardarse, lugares donde el río estuviera más cerca o donde se pudiera cazar mejor para alimentarse. Para eso habrá tenido que luchar con otros hombres que buscaban lo mismo y como siempre en este tipo de contiendas ganaba el mejor, el que creaba mejores estrategias, el que no descansaba o el que lograba algún truco para engañar a los demás. De ahí viene el dicho: “en el amor y en la guerra, todo se vale”…y todo cuenta.Cuando se acabó la etapa de conquistar territorios y empezó la civilización, se inventaron las competencias de todo: rituales de aceptación a alguna tribu, ritos de iniciación de un joven a la vida adulta, competencias deportivas donde había un ganador que era más fuerte y más hábil que los demás.
En la época moderna, se siguen conquistando espacios de todo tipo: el liderazgo en la escuela, un buen puesto de trabajo que pague más, una mejor casa, etc. finalmente sigue queriendo ser mejor que los demás, sigue creando estrategias y siguen, algunos, engañando para conseguirlo.
Descubrimos por el análisis anterior que es innato al ser humano el acto de conquistar para sentirse sobresaliente de la gran masa. Y la conquista de una pareja no se aleja de los mismos parámetros, hay una necesidad interna, tanto en hombres como en mujeres, de sentirse conquistadores de algo. Quizá éste sea un punto primordial de lo que está pasando actualmente, vivimos tan acelerados, que hemos creado una forma de vida que ya no da tiempo para nada, eso hace que nos sintamos frustrados en las relaciones interpersonales sobre todo en el terreno de conseguir que alguien nos ame. Ya no tenemos tiempo para conquistar.
Cuando emprendemos la conquista de algo significa que ese algo es cotizado por otros y que por ende vale la pena. Hay hombres y mujeres calificados de “fáciles” todo mundo los puede tener porque no se auto valoran y van cayendo de brazos en brazos, para finalmente, como toda mercancía con demasiada oferta, pierden su valor.
Algunos se esfuerzan para ser mejores personas, más cultos, mejor preparados, más sensibles, más sensatos, más maduros, etc. y cuando uno cuida su persona y su interior especialmente, sabe que su precio en el mercado de las relaciones, aumenta y que además le da un cierto derecho de aspirar a conquistar a alguien que también haya cuidado su valor. Si vales 10 quieres a otro 10, lo malo es cuando se empata un 10 con un 3 termina rompiéndose todo. Es como si un doctor en bioquímica trabajara en destapar cañerías. No macha.
Por eso cuando encontramos a alguien que consideramos digno de conquistar, comienzan los problemas. Surge toda esa memoria ancestral de la contienda, tenemos que ser más fuertes que los demás, crear mejores estrategias que los demás, y por eso, algunos, siguen utilizando trucos y engaños cuando se percatan que no son mejores que los demás y que van a perder.
Lo principal es tener confianza en uno mismo, el ingrediente que no falta nunca en los triunfadores. Si te gusta una mujer que le otorgas valor de 10, vale la pena luchar, empezar la conquista, con mente pausada, sin prisas, con los cinco sentidos abiertos, porque sabes que esa mujer de 10, hay otros combatientes que quieren llegar al mismo lugar que tu.
No es tan difícil: Una mujer se tiene que sentir admirada, que tus ojos le digan que te encanta sin que tus manos se muevan, ella sabe que actualmente los hombres buscan sexo rápido, entre más le demuestres que vas por su mente y por su corazón, no por su cuerpo, más la vas a conquistar.
Se conquista por el oído, una voz profunda, mostrando seguridad genera en la mujer la paz de la protección, porque a pesar que las feministas vociferen que eso no es cierto, toda mujer tiene una necesidad de protección aunque sea una eminencia en lo que haga.
Y no hay algo que le encante más a la mujer que sentirse escuchada, hay tan pocos hombres que sepan hacer eso, hay tanto protagonismo y tanto narcisismo que el hombre raramente escucha. Tienes que hacerla sentir única, que a pesar de que afuera existen miles de mujeres preciosas, ella, es única para ti. Eso le despertara el deseo de ser tuya y por supuesto tú de ella.
Que la diviertas, que rían juntos, que sea cada encuentro un oasis de calma y diversión en medio de un mundo difícil. Si en el camino surge la química seguramente te llevará al amor y habrás conquistado un universo que te acompañará en la vida y que se debe cuidar cada día.
Por eso no acepto cuando me dicen: no estoy preparado, no quiero sufrir, no quiero perder, me da pereza… para llegar a cualquier meta importante hay que trabajarle. Lo que llega solo, sin esfuerzo, normalmente no vale la pena y es bastante efímero.
Siempre me ha gustado utilizar imágenes, símbolos, metáforas e incluso a veces matemáticas para expresar conceptos que de otra manera resulta más difícil apreciar. Uno de esos conceptos es el de las relaciones humanas... La complejidad que puede tener la manera en que dos personas se relacionan nunca deja de sorprenderme.
No sabes el gusto que me dio leer tu blog, porque estos razonamientos son muestra de madurez.
Todos necesitamos una motivación para despertar cada día. Todos necesitamos un sueño, una meta, una expectativa de felicidad en el horizonte. Somos seres con inteligencia y voluntad, no nada más reaccionamos para sobrevivir, somos dueños de nuestras decisiones y del rumbo de nuestra vida y por eso necesitamos reafirmar continuamente las razones por las que seguir adelante en nuestro camino incierto.
Me hiciste pensar mucho con tu comentario, ahora que estoy en la mitad de la vida (por decirlo de alguna manera) me doy cuenta que cada vez tengo menos certezas. Yo antes era de las que pensaba que A+B =C Y pues mirando hacia atrás nada que ver con las fórmulas. Lo que es bueno para una persona puede ser muy malo para otra.