martes, 25 de noviembre de 2008

La conquista


Siguiendo la línea de las relaciones humanas y el nacimiento de una pareja se me ocurrió tocar un punto que me llama la atención. El ser humano desde tiempos ancestrales se la ha pasado conquistando cosas: Primero fueron territorios donde poder asentarse, cuevas para poder resguardarse, lugares donde el río estuviera más cerca o donde se pudiera cazar mejor para alimentarse. Para eso habrá tenido que luchar con otros hombres que buscaban lo mismo y como siempre en este tipo de contiendas ganaba el mejor, el que creaba mejores estrategias, el que no descansaba o el que lograba algún truco para engañar a los demás. De ahí viene el dicho: “en el amor y en la guerra, todo se vale”…y todo cuenta.

Cuando se acabó la etapa de conquistar territorios y empezó la civilización, se inventaron las competencias de todo: rituales de aceptación a alguna tribu, ritos de iniciación de un joven a la vida adulta, competencias deportivas donde había un ganador que era más fuerte y más hábil que los demás.

En la época moderna, se siguen conquistando espacios de todo tipo: el liderazgo en la escuela, un buen puesto de trabajo que pague más, una mejor casa, etc. finalmente sigue queriendo ser mejor que los demás, sigue creando estrategias y siguen, algunos, engañando para conseguirlo.

Descubrimos por el análisis anterior que es innato al ser humano el acto de conquistar para sentirse sobresaliente de la gran masa. Y la conquista de una pareja no se aleja de los mismos parámetros, hay una necesidad interna, tanto en hombres como en mujeres, de sentirse conquistadores de algo. Quizá éste sea un punto primordial de lo que está pasando actualmente, vivimos tan acelerados, que hemos creado una forma de vida que ya no da tiempo para nada, eso hace que nos sintamos frustrados en las relaciones interpersonales sobre todo en el terreno de conseguir que alguien nos ame. Ya no tenemos tiempo para conquistar.

Cuando emprendemos la conquista de algo significa que ese algo es cotizado por otros y que por ende vale la pena. Hay hombres y mujeres calificados de “fáciles” todo mundo los puede tener porque no se auto valoran y van cayendo de brazos en brazos, para finalmente, como toda mercancía con demasiada oferta, pierden su valor.

Algunos se esfuerzan para ser mejores personas, más cultos, mejor preparados, más sensibles, más sensatos, más maduros, etc. y cuando uno cuida su persona y su interior especialmente, sabe que su precio en el mercado de las relaciones, aumenta y que además le da un cierto derecho de aspirar a conquistar a alguien que también haya cuidado su valor. Si vales 10 quieres a otro 10, lo malo es cuando se empata un 10 con un 3 termina rompiéndose todo. Es como si un doctor en bioquímica trabajara en destapar cañerías. No macha.

Por eso cuando encontramos a alguien que consideramos digno de conquistar, comienzan los problemas. Surge toda esa memoria ancestral de la contienda, tenemos que ser más fuertes que los demás, crear mejores estrategias que los demás, y por eso, algunos, siguen utilizando trucos y engaños cuando se percatan que no son mejores que los demás y que van a perder.

Lo principal es tener confianza en uno mismo, el ingrediente que no falta nunca en los triunfadores. Si te gusta una mujer que le otorgas valor de 10, vale la pena luchar, empezar la conquista, con mente pausada, sin prisas, con los cinco sentidos abiertos, porque sabes que esa mujer de 10, hay otros combatientes que quieren llegar al mismo lugar que tu.

No es tan difícil: Una mujer se tiene que sentir admirada, que tus ojos le digan que te encanta sin que tus manos se muevan, ella sabe que actualmente los hombres buscan sexo rápido, entre más le demuestres que vas por su mente y por su corazón, no por su cuerpo, más la vas a conquistar.

Se conquista por el oído, una voz profunda, mostrando seguridad genera en la mujer la paz de la protección, porque a pesar que las feministas vociferen que eso no es cierto, toda mujer tiene una necesidad de protección aunque sea una eminencia en lo que haga.

Y no hay algo que le encante más a la mujer que sentirse escuchada, hay tan pocos hombres que sepan hacer eso, hay tanto protagonismo y tanto narcisismo que el hombre raramente escucha. Tienes que hacerla sentir única, que a pesar de que afuera existen miles de mujeres preciosas, ella, es única para ti. Eso le despertara el deseo de ser tuya y por supuesto tú de ella.

Que la diviertas, que rían juntos, que sea cada encuentro un oasis de calma y diversión en medio de un mundo difícil. Si en el camino surge la química seguramente te llevará al amor y habrás conquistado un universo que te acompañará en la vida y que se debe cuidar cada día.

Por eso no acepto cuando me dicen: no estoy preparado, no quiero sufrir, no quiero perder, me da pereza… para llegar a cualquier meta importante hay que trabajarle. Lo que llega solo, sin esfuerzo, normalmente no vale la pena y es bastante efímero.

martes, 18 de noviembre de 2008

Intersecciones


Siempre me ha gustado utilizar imágenes, símbolos, metáforas e incluso a veces matemáticas para expresar conceptos que de otra manera resulta más difícil apreciar. Uno de esos conceptos es el de las relaciones humanas... La complejidad que puede tener la manera en que dos personas se relacionan nunca deja de sorprenderme.

¿Cómo nace una amistad? ¿Qué permite que la amistad se mantenga...? ¿y qué hace que una amistad se pierda?

Utilizando la teoría de conjuntos que aprendemos en la escuela, me gusta describir la amistad entre dos personas como el espacio en el que los dos conjuntos se intersectan. Cada uno de nosotros somos un conjunto de experiencias, de gustos, de inquietudes, de ideas, de formas de ser y de pensar.... dónde nacimos, a qué escuela vamos o fuimos, en qué creemos, en dónde trabajamos, qué deporte practicamos... etc. y una amistad con alguien nace en mayor o menor medida dependiendo de los elementos que compartamos o tengamos en común. Por eso es común catalogar a los amigos por aquellas cosas que compartimos con ellos: amigos de la escuela, amigos del trabajo, amigos del tenis, amigos de la fiesta. Las amistades se mantienen mientras se cultiven esas cosas en común y se pierden cuando la intersección desaparece. Se vuelven entrañables cuando aquello que se comparte es una buena parte de la vida misma.

En una amistad se puede llegar a compartir mucho, pero siempre queda una buena parte del conjunto fuera de la intersección. En las relaciones de pareja, las cosas se complican un poco más. Cuando te enamoras, la intersección es devoradora, lo quieres saber todo de la otra persona, compartes hasta lo que no compartes, lo que te gusta y lo que no te gusta, el tiempo, el espacio, la intimidad...

Puede pasar entonces, cuando una persona es celosa de ciertas regiones de su conjunto por miedo a compartir demasiado o a perder su independencia, que se esconda detrás de trincheras y la pareja se encuentre de repente en una auténtica campaña de conquista de espacios, con el dilema de qué tanto se debe compartir y qué tanto se debe dejar libre.

Al final, creo que la relación de una pareja tiene que ser lo que en geometría se conoce como una "asíntota".... debe crecer continuamente hacia el infinito pero sin llegar a tocarse por completo... debe ser un proceso de conocerse cada día y compartir poco a poco, pero guardando siempre algún misterio, dejando siempre algún espacio nuevo por conquistar y sobre todo, que deje a cada uno ser sí mismo, cambiando las trincheras por un verdadero hogar.


miércoles, 12 de noviembre de 2008

Prioridades


No sabes el gusto que me dio leer tu blog, porque estos razonamientos son muestra de madurez.

Todos pensamos, razonamos, entendemos claramente cosas a lo largo de la vida, pero cuando viene un contratiempo, seguimos decepcionándonos, sufriendo, queriendo cambiar al otro, echándole la culpa de lo que nos pasa. Y de pronto, un día, se clava en la comprensión para siempre y empezamos a caminar con la paz a cuestas. A mí me costó mucho tiempo y mucho trabajo. Y debo decir que de repente todavía me visitan los fantasmas de la incertidumbre.

Ser soñadora e idealista no ayuda en nada para madurar. Así que oírte a tu edad decir esto que algunos nos costó tanto trabajo llegar, me da mucho gusto.

Y entonces ahora, cuando alguien se acerca a contarte sus tribulaciones, quisieras poder trasmitirle esas conclusiones que tú ya has entendido pero te das cuenta que los caminos son individuales y que cada quien llega a su tiempo. (Y algunos no llegan nunca). Esto pasa muy frecuentemente de padres a hijos que quisieras no verlos sufrir y no puedes evitar que se equivoquen para crecer. Y de esos que no llegan nunca, tengo a mi alrededor conocidos que me dan mucha tristeza, porque a estas alturas de la vida que deberían de haber entendido que lo principal de aprender en la vida es vivirla, llevan existencias miserables, complicándose siempre, envidiando, egoístas, sembrando cizaña en donde pueden y por supuesto absolutamente solos.

A mí me encantan esos seres humanos que donde entran lo llenan de luz por su optimismo, por su sonrisa fácil, que no han perdido su capacidad de asombro ni sus ganas de aprender continuamente, inquietos siempre y con la sabiduría de hacer sentir a los de su alrededor como si fueran las personas más importantes del universo. Me llama la atención que muchas de estas personas han pasado por algo fuerte en su vida, algún parte aguas que los marcó, que quizá vieron la muerte cerca y que al salir y levantarse deciden poner en prioridad: vivir la vida cada segundo. Por eso hay que aprender de ellos y no esperar a que tengamos un trancazo para entender.

Lo importante es detectar esos sentimientos auto destructivos que nos atacan cuando menos los esperamos y pensar que sólo hay una vida, que lamentarse o estar de mal humor es como perder un tiempo precioso, acordarse de todo lo bueno que tenemos como la salud, la inteligencia y la gente que nos quiere, agradecer cada día que hayamos despertado, propiciar rodearnos de cosas que nos enriquezcan, dar a los demás y no olvidar al final del día unos minutos para estar con nosotros mismos.

En esto es en lo que trabajo conmigo todos los días, lucho contra mi principal demonio que es el egoísmo y te puedo decir (cómo decimos en México) …”ay la llevo”.

Libre de apegos


Todos necesitamos una motivación para despertar cada día. Todos necesitamos un sueño, una meta, una expectativa de felicidad en el horizonte. Somos seres con inteligencia y voluntad, no nada más reaccionamos para sobrevivir, somos dueños de nuestras decisiones y del rumbo de nuestra vida y por eso necesitamos reafirmar continuamente las razones por las que seguir adelante en nuestro camino incierto.

Es por eso que siempre ponemos un pedazo de nosotros en la esperada felicidad futura, que nos da energía en el presente. Cuando somos niños la ponemos en juegos, amigos, buenos resultados en la escuela. Luego crecemos y empezamos a ponerla en las personas de las que nos enamoramos. Crecemos más y apuntamos más lejos, a la carrera profesional, a la familia que formamos, a dejar huella en el mundo.

Esta necesidad que tenemos de anclar nuestra motivación en una idea de felicidad futura tiene el riesgo de hacernos olvidar que somos nosotros los que llevamos el volante de nuestra vida... y es cuando nos olvidamos de esto que creamos apegos innecesarios a otras personas, a objetos o a situaciones que pueden fallarnos u ocurrir de la forma que no esperamos, tirando al suelo nuestra motivación para vivir y haciéndonos sentir a veces pánico y desorientación del rumbo de nuestra propia vida.

Yo creo que esto nos ha pasado a todos. Es parte del proceso de madurar y entender quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos. A veces es más fácil fijar un rumbo específico, poner el piloto automático y dejarnos llevar, ignorando completamente el hecho de que la vida es impredecible y hay que estar preparados para decidir por nosotros mismos, independientemente de los demás y de los planes que pudiéramos haber hecho.

Le he dado muchas vueltas a esto, porque soy una persona que vive de las expectativas de felicidad, que le gusta tirarse al vacío por un sueño... y por lo tanto, una persona que se decepciona mucho. 

Al final, creo que apegarse a alguien o a algo, siempre es malo. Todos cometemos errores, todos somos imperfectos y todo en este mundo es temporal. No podemos anclar nuestra motivación para vivir en alguien o en algo. Nuestra felicidad no puede depender de alguien o de algo. Tenemos que saber amar a las personas sin apegarnos a ellas, disfrutar lo que la vida nos dé sea lo que sea, vivir la felicidad en el presente y tener siempre el control del rumbo de nuestras decisiones. Que nuestra motivación sea simplemente vivir y vivir lo mejor que podamos.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Certezas


Me hiciste pensar mucho con tu comentario, ahora que estoy en la mitad de la vida (por decirlo de alguna manera) me doy cuenta que cada vez tengo menos certezas. Yo antes era de las que pensaba que A+B =C Y pues mirando hacia atrás nada que ver con las fórmulas. Lo que es bueno para una persona puede ser muy malo para otra.

En estos días han transcurrido una serie de eventos que nos han colocado nuevamente en la verdad contundente de la fragilidad de la vida. Luchamos desde que nacemos para ser felices o para realizar nuestro concepto de felicidad y muchas veces nos olvidamos de que estamos de paso y que la raya se cruza cuando menos te lo esperas; por eso simplemente hay que vivir el día a día lo más congruente con nosotros mismos que podamos. Es curioso porque cuando se es joven la cabeza está llena de planes y metas. Todo es futuro. Y cuando se pasan los cincuenta donde ya existe mucho pasado y menos futuro, se aprende a simplemente vivir. Entre más pronto entendamos esto que parece tan simple encontraremos la felicidad.

Estoy de acuerdo con el comentario que hizo Ana sobre que somos constructores de nuestro destino. Desde que abrimos los ojos cada mañana, nuestra vida es una cadena de decisiones que nos llevan a algo. Por eso hay que tener muy abierta la conciencia para saber si vamos hacia dónde queremos, pero abiertos también a los cambios y sin muchas expectativas radicales.

Hay que tenerse a uno mismo…eso si…siempre. Porque un día leí que lo más cercano a la felicidad era tener paz dentro de uno. Cuando tu felicidad la colocas en las manos de otra persona quedas demasiado vulnerable, así que hay que entregar el todo cada día y si lo demás falla siempre te quedas contigo.

Otra cosa que me he encontrado en mi caminar, es que hay días que ves todo negro, que no ves luz cerca, que te desesperas, que lloras, que desearías tirar la toalla y sin embargo pasado cierto tiempo te encuentras nuevamente riendo, lleno de esperanzas, feliz con un acontecimiento que no esperabas y que vuelve a poner la balanza hacia arriba. Entonces cuando vuelvas a estar abajo tratar de recordar que todo pasa y que “después de la tormenta siempre llega la calma”.

No sé si te ha pasado; yo me he descubierto sorprendida diciendo: “si hubiera sabido que venía esto, no hubiera sufrido tanto”. Así que de las malas rachas toma el aprendizaje que es valiosísimo y en las otras disfruta como si fuera lo último que harías.

Para finalizar, que también lo comentó Ana: Quizá uno no sabe siempre que es lo que quiere, pero si hay que saber lo que No se quiere. .. Y para saberlo, hay que equivocarse a veces.