Me hiciste pensar mucho con tu comentario, ahora que estoy en la mitad de la vida (por decirlo de alguna manera) me doy cuenta que cada vez tengo menos certezas. Yo antes era de las que pensaba que A+B =C Y pues mirando hacia atrás nada que ver con las fórmulas. Lo que es bueno para una persona puede ser muy malo para otra.En estos días han transcurrido una serie de eventos que nos han colocado nuevamente en la verdad contundente de la fragilidad de la vida. Luchamos desde que nacemos para ser felices o para realizar nuestro concepto de felicidad y muchas veces nos olvidamos de que estamos de paso y que la raya se cruza cuando menos te lo esperas; por eso simplemente hay que vivir el día a día lo más congruente con nosotros mismos que podamos. Es curioso porque cuando se es joven la cabeza está llena de planes y metas. Todo es futuro. Y cuando se pasan los cincuenta donde ya existe mucho pasado y menos futuro, se aprende a simplemente vivir. Entre más pronto entendamos esto que parece tan simple encontraremos la felicidad.
Estoy de acuerdo con el comentario que hizo Ana sobre que somos constructores de nuestro destino. Desde que abrimos los ojos cada mañana, nuestra vida es una cadena de decisiones que nos llevan a algo. Por eso hay que tener muy abierta la conciencia para saber si vamos hacia dónde queremos, pero abiertos también a los cambios y sin muchas expectativas radicales.
Hay que tenerse a uno mismo…eso si…siempre. Porque un día leí que lo más cercano a la felicidad era tener paz dentro de uno. Cuando tu felicidad la colocas en las manos de otra persona quedas demasiado vulnerable, así que hay que entregar el todo cada día y si lo demás falla siempre te quedas contigo.
Otra cosa que me he encontrado en mi caminar, es que hay días que ves todo negro, que no ves luz cerca, que te desesperas, que lloras, que desearías tirar la toalla y sin embargo pasado cierto tiempo te encuentras nuevamente riendo, lleno de esperanzas, feliz con un acontecimiento que no esperabas y que vuelve a poner la balanza hacia arriba. Entonces cuando vuelvas a estar abajo tratar de recordar que todo pasa y que “después de la tormenta siempre llega la calma”.
No sé si te ha pasado; yo me he descubierto sorprendida diciendo: “si hubiera sabido que venía esto, no hubiera sufrido tanto”. Así que de las malas rachas toma el aprendizaje que es valiosísimo y en las otras disfruta como si fuera lo último que harías.
Para finalizar, que también lo comentó Ana: Quizá uno no sabe siempre que es lo que quiere, pero si hay que saber lo que No se quiere. .. Y para saberlo, hay que equivocarse a veces.
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